domingo, 31 de agosto de 2014

Selbstsucht

Juan Sebastián Pantoja Hurtado.

Cuán enorme sea el universo, de misma proporción es el egoísmo humano, sociedad es el término que se le ha otorgado, pues bien, le llaman a la mera sumatoria de individuos que conforman colmenas crudas, condensadas de miel producto de la sangre derramada por otros. La muerte ya no da pasos certeros en busca de sabios y suspicaces hombres, ahora la muerte junto a su opulento dios la impunidad se pasean por doquier, arrebatando lo que se presumía era valioso.
“Y tienes que comprar ataúd así lo pienses cremar. Meten al muerto en el ataúd, y al ratito lo sacan para cremarlo en pelota. ¿Y el ataúd? ¿Qué pasa con el ataúd? Hombre, si no te lo quieres llevar a tu casa para usarlo como cama, lo donas para los pobres y se lo dejas a la funeraria. La cual, no bien sales con el rabo entre las patas, se lo vende como nuevo al próximo muerto que llega. ¿Y los pobres? Que coman mierda los pobres, que los entierre su madre. ¿Y el gobierno? ¿No interviene en semejante abuso el gobierno? ¡Claro que interviene! Manda a un funcionario a que vigile a la funeraria, y el funcionario le saca mordida a la funeraria. Para nacer y morir, para comer y cagar el ciudadano en México tendrá siempre enfrente a un funcionario extendiendo la mano. O a un policía. Pero el país funciona bien. Con mordida todo fluye: el tráfico de los carros, la venta de electrodomésticos, la circulación de la sangre, las putas del presidente, los pasaportes de los que viajan, los entierros de los que se van… La mordida es un invento genial. Como la rueda.” 1  
En palabras de Fernando Vallejo, puede más que vislumbrarse que el error más grande de la naturaleza es el hombre, desde el mismo momento en que lo engendró, este no ha cesado de barbarie. He ahí el egoísmo, la premisa fundada en la esencia del hombre. La armonía de la cual presumen muchos se debe en principio a todas las decadencias que está dispuesto a cometer. La oscura silueta se apodera de lo que se cree es una sociedad, ladrones, asesinos, terroristas, bufones, corruptos, violadores, estafadores, secuestradores, sacerdotes que dictan moral en ostentosas catedrales después de cometer aberrantes acciones contra niños, contrabandistas en tónica de compartir, suplir cualquier demanda prohibida y mercancía barata, todos amparados bajo la gruesa y sedosa capa de la justicia, que empuña en sus manos las letras doradas de la impunidad, con ojos vendados permanece, para lavarse las manos una vez haya concedido exclusiones al mejor postor, sostiene la balanza del desdén, símbolo del poder que le otorgan los mortales en honor al cinismo de su justicia, recubierta por leyes escritas con el ánimo de infringirse puesto que no existe ninguna que sea acatada. De igual modo y ante cualquier circunstancia, la naturaleza humana que no es otra más que la egoísta, opera de manera precisa, más si se trata de economía, ¿O es que acaso las ganancias no son de igual proporción a las pedidas de otros? Si ven con minuciosidad, notarán que las riquezas de países “desarrollados” provienen de países a los cuales el capitalismo arrasó sin mayor cuidado, les extrajo cuanto pudo, y por tanto sus campos que solían ser verdes con frutos rojos ahora yacen estériles, desérticos y el rojo de sus frutos se marchitó.
“El lugar más hermoso, es aquel donde el hombre no ha llegado.” Js.
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1.        Vallejo, Fernando. (2001). El desbarrancadero, Alfaguara S.A, Buenos aires, p. 133.

2 comentarios:

  1. Que bien lo que escribes, me encanta la manera en que traes a colacion a Vallejo, super bien broo !!

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  2. Espero poder continuar redactando de tal forma. Gracias José.

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