Yéssica Alexandra Lucero Acero
Cuando fui a
casa de mi abuela por vacaciones la acompañe en varias ocasiones a la plaza de
mercado, donde la gente hablaba hasta por los codos y que el que más fuerte
gritara era el que más vendía, pero a mí siempre me espantaban, quizás a mi
abuela no y creo que lo que decían es sus gritos atraían más compradores.
Un sábado muy temprano fui con mi abuela a un
nuevo puesto, recuerdo que aquel puesto tenia las frutas más grandes y las
verduras más frescas, pero realmente no se acercaba mucha gente, a mi forma de
ver las cosas creía que allí era donde deberían ir todos, pues allí estaba lo
mejor de la plaza. De camino a casa le pregunte a mi abuela que por qué no le
había comprado al señor del nuevo puesto, donde se veían los alimentos más
sabrosos, y que aun así prefirió comprar al puesto de al lado, ella me
respondió que aquel hombre le quería ver la cara de tonta, que cómo era posible
que un kilo de manzanas valiera $5000 pesos cuando en el resto de puestos era
de $3000 pesos, que como había traído el cilantro a $500 pesos cuando en los
demás estaba a $200 pesos… bueno tras una larga comparación de precios mi abuela
termino de contarme porque no compro en el nuevo puesto, pues resultaba ser muy
caro. “Los precios están por la nubes y
yo estoy en la tierra así que no compro” dijo al final mi abuela, ese día
me quede pensando qué iba hacer aquel tendero pues, todo lo que saco para la
venta, la gran mayoría se le quedo sin vender.
Al mes siguiente acompañe nuevamente a mi
abuela al mercado y quería ir al puesto
nuevo, quería que me comprara la manzana más roja y más grande sin importar su
precio, pues yo quería disfrutar de una rica manzana ese día. Al llegar al
puesto el señor había puesto un cartel bastante grande donde ponía kilo de
manzanas a 2.500 pesos pero esta vez las manzanas eran, tan parecidas al resto,
chiquitas y con un rojo pálido, al
verlas se me quitaron esas ganas que tenia de manzana pero mágicamente mi
abuela le compro el kilo al tendero y aparte compro más cosas. Cuando regresábamos a casa le hice la
pregunta de aquel día pero esta vez era que por qué le compro al tendero nuevo
y me respondió que porque estaba más barato y que los alimentos tenían buena
pinta, yo realmente no entendía pues aquellas manzanas eran muy parecidas al
resto y así pasaba con todo lo que compró.
Hubo un sábado en el que mi abuela no dio
ninguna vuelta por la plaza, sino que sencillamente corrió a donde el tendero
nuevo, pero este ya no tenía ningún cartel ahora este gritaba como todos los
otros, mi abuela echo un vistazo y decidió que esta vez compraría a Doña
Margarita, a quien le era clienta desde hace ya varios años. En esa ocasión no
le pregunte a mi abuela, sino que mientras que ella compraba la carne me
acerque al tendero y le pregunte que por
qué el primer día había puesto, a los ojos mi abuela, tan caras las frutas y
verduras, ¿Por qué el segundo día las había puesto tan baratas? Y ¿por qué
ahora las ponía igual al resto de tenderos? Él me contesto un tanto afligido y
me dijo – “Mira pequeña yo el primer día acaba de montar mi puesto, había
cultivado todo lo que traje a vender con el sudor de mi frente, había comprado
las mejores semillas, el mejor abono y nada de eso es gratis, por lo tanto le
puse el valor, que me pareció justo, a todo lo que en ese día iba a vender; pero
resulto que casi nadie me compro, al siguiente mes abarate los precios pues
sino lo hacía tenía que cerrar el puesto y eso no era bueno, pues tengo a una
familia que alimentar, ahora puse el precio que los otros puestos tienen porque
sencillamente no estaba sacando ganancia alguna de lo que vendía y por ende,
aunque me compraban, no era suficiente para suplir los costos del puesto, de
las semillas, del abono, etc. y eso, eso no es negocio pequeña.
Terminada mi charla con el tendero, comprendí
que se terminó ajustando al precio que
imponía ya la plaza de mercado, encontró
si o si el equilibrio, ya que si lo ponía muy caro las personas no le compraban
y si lo ponía muy barato le compraban, pero él no ganaba.
En esta historia de la plaza se puede analizar como en el mundo del mercado este es el que ajusta los precios sin tener en cuenta muchas veces el esfuerzo , aquí el tendero del puesto nuevo quiso dar lo mejor de si, comprando los mejores abonos para vender los mejores productos posibles y ademas que estas frutas y vegetales eran de buena calidad y muy saludables , el tendero trabajo muy duro para poder vender alimentos tan de buena calidad , pero nadie le dio el valor que merecía dicha cosecha , ya que la gente actúa de acuerdo al precio que se fija en el mercado , en este caso seria el precio dado por la plaza de mercado, la situación evidentemente no es justa pero aquí el problema en si , en la vida cotidiana es que la gran mayoría de personas no diferencian entre el valor de un producto o mercancía y entre su precio ya que se tiende a pensar que son lo mismo, de hecho hay uno que otro economista despistado que aun no tiene clara dicha diferencia , es por ello que las personas actúan frente a sus compras de esa manera ya que uno no se detiene a pensar cuanto vale dicho producto sino cual es el precio fijado que este tiene. se debe tener en cuenta que el precio fijado por el mercado sera aquel que sea mas barato o bajo , por tanto a quien le toma mucho esfuerzo y trabajo en elaborar una mercancía no se le reconoce su valor sino que por el contrario se pasa por alto este y de hecho en algunas culturas se pide un descuentillo haciendo que el comerciante en la practica no gane prácticamente nada.
ResponderBorrarel texto intenta expresar la diferencia entre el valor nominal y el valor real de una mercancía con respecto a Smith, donde el trabajo es la medida real del valor permutable de toda mercancía es decir la fatiga y labor que se llevo a cabo para producirla, al contrario del valor real es el precio que se le da a la mercancía por la interacción de la oferta y la demanda, aquí pueden presentarse oligopolios o monopolios pero lo que permanece invariable en la teoría de valor de Smith es el trabajo para producir dichas mercancías por lo cual lo consideraba como la medida exacta para cuantificar el valor.
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