lunes, 3 de octubre de 2016

Sobre los rendimientos marginales decrecientes y la ventaja comparativa Ricardiana


Por: Jorge Luis Rivadeneira Daza
‘Por eso en el apilamiento está el éxito. Amplié usted un restaurantito que se mantiene lleno y verá: no le vuelve nadie, se va de culos. La humanidad es rara y novelera. Quiere computadoras rápidas, carros rápidos, trenes rápidos, ¿Y para qué? Toca el claxon y acelera para llegar a tiempo a hacer cola. Se apura para esperar.’ Palabras del escritor Fernando Vallejo en su libro ‘La rambla paralela’.
David Ricardo hizo un aporte, que en un futuro sería de gran utilidad y soporte para la teoría neoclásica, este fue, la ley de los rendimientos marginales decrecientes. La anterior ley propone que, en el proceso de producción el incremento en la cantidad de un factor de producción –Tierra, trabajo o capital -  manteniendo los otros factores constantes, resultará en menores incrementos progresivos en la producción por unidad. Supongamos una firma productora de refrescos llamada ‘Camus’, la firma Camus dispone de cinco obreros que preparan la mezcla, una maquina embotelladora y una extensión de tres hectáreas para extraer la caña de azúcar (necesaria para producir la melaza con la que se endulza la bebida). Un día, el directivo de Camus piensa que  puede aumentar sus utilidades totales al contratar mayor cantidad de obreros, así que decide emplear un obrero más por cada día que pase, manteniendo sus otros factores de producción constantes. Así pues en el primer día, el directivo le da la bienvenida a un obrero a la firma y ve efectivamente que la productividad del obrero es positiva (es decir, que lo que genera el obrero en su individualidad es suficiente para cubrir sus costos de contratación). Al segundo día el directivo observa que el segundo obrero adicional, efectivamente ha producido una utilidad marginal positiva, pero que esta es menor respecto a la producida por el primer obrero, al tercer día el empresario puede ver como su tercer obrero le genera utilidades marginales negativas, esto es, que su tercer obrero ni siquiera puede pagarle los costos de su contratación. El directivo, sin embargo, decide continuar con su dinámica, y pronto lleva a su firma a la quiebra.
El anterior caso tuvo por intención ejemplificar lo que Ricardo llamo la ‘ley de los rendimientos decrecientes’, según la cual, no se puede agregar infinitamente cantidades de un factor de producción, ya que este, después de cierto tiempo adquirirá una tendencia negativa. Esto se explica en la práctica –y tomemos el mismo ejemplo de la firma ‘Camus’-, ya que al contratar mayor cantidad de obreros, pero sin aumentar la cantidad de máquinas, los obreros que necesitan de las máquinas para completar su proceso de producción, quedarán inactivos mientras aguardan a que la maquina quede vacante para embotellar los envases que ellos preparen. De la misma manera, el no ampliar el factor Tierra genera (además de un posible agotamiento de recursos físicos), una limitación del movimiento –sabido es que no se pueden empacar infinitas sardinas en una lata- así pues, los obreros al no disponer de un adecuado espacio para su movilidad, generaran un entorpecimiento mutuo para el proceso de producción.
Veamos también otro de los planteamientos teóricos de David Ricardo, que sustentó la interacción económica internacional a través del comercio, sujetado a las ventajas comparativas y absolutas de cada país. Supongamos un país T y un país H, de igual manera, establezcamos la producción internacional exclusiva de dos bienes, digamos, libros y chocolates. El costo de producir una unidad de chocolate en el país T es de 700 pesos, y el costo de producir un libro es de 1000 pesos. Por otro lado el país H puede fabricar un chocolate por un costo de 1200 pesos, y un libro por un costo de 500 pesos. El planteamiento Ricardiano le indicaría al país H que se especialice en la producción de libros pues posee una ventaja comparativa[1] en la producción de los mismos, mientras que al país T le indicaría que se especializara en la producción de chocolate, siempre que el país T mantuviese su condición de ventaja comparativa en la producción de los mencionados chocolates. Posteriormente el planteamiento Ricardiano le indicaría a cada país que consolidara sus beneficios mediante el comercio internacional, periodo en el cual los dos se verían beneficiados.
El mismo planteamiento de comercio internacional se hace efectivo (según la teoría Ricardiana), aun cuando el país H presentara ventajas absolutas[2] con respecto al país T, esto es, aun cuando sus costos de producción de chocolates y también de libros fueran menores a los del país H. Esto puede resumirse en que el país T debe especializarse en la producción del bien en la que sea, sino mejor, al menos ‘no tan malo’.
Una crítica que puede plantearse con respecto a la aplicación práctica de los desarrollos Ricardianos es la de que, ningún acuerdo comercial contemporáneo entre dos países goza la condición de tranzar única y exclusivamente dos bienes.

Referencias bibliográficas y de la web:
http://www.eco-finanzas.com/economia/economistas/David-Ricardo-Pensamiento-economico.htm
http://www.eco-finanzas.com/diccionario/V/VENTAJA_ABSOLUTA.htm
http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/ayudadetareas/economia/factores_de_produccion






[2] Para ampliar la información acerca de lo que se constituye como venta absoluta véase el siguiente enlace de la web: http://www.eco-finanzas.com/diccionario/V/VENTAJA_ABSOLUTA.htm

1 comentario:

  1. Muy buen texto, ejemplifica de manera clara la propuesta Ricardiana sobre los rendimientos marginales decreciente, respecto a la crítica concuerdo con tigo, no hay una aplicación concreta de la ventaja comparativa en la realidad porque en la actualidad el intercambio se realiza con más de dos productos.

    ResponderBorrar