martes, 1 de septiembre de 2015

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Si hoy, por un momento, en lugar de admirar y maravillarnos con los aportes de los personajes que aparecen en nuestros libros y textos de economía nos sentamos a preguntarnos y a analizar de dónde viene y cómo se formó ese cuerpo de conocimientos en materia económica que parece cada vez más insondable conforme profundizamos el estudio, tendríamos inevitablemente que sumergirnos en otro campo de estudio que es igual o más complejo, pues sólo la filosofía, y concretamente la filosofía del conocimiento humano o epistemología nos mostraría un panorama más realista del intrincado proceso que han seguido los historiadores del pensamiento para sentar las bases que hoy los estudiantes manejamos a diario y los buenos profesionales de la economía conocen bien. En dicho proceso, es de destacar el papel del proceder metodológico pues ha determinado de manera significativa el devenir del pensamiento económico como tal. La escogencia de una metodología específica a seguir puede encauzar o alejar a alguien de unos buenos resultados en su trabajo. Los estudiosos del campo económico saben que multiplicidad de metodologías han hecho su aparición en algún punto de la historia.

Hablando de historia económica, podemos remitirnos a la “época preclásica” donde el concepto de economía como hoy lo conocemos aún no estaba desarrollado, pero el factor económico existía dada su condición de inmanencia con la sociedad. Las civilizaciones tempranas estuvieron más dispuestas a tratar el comportamiento fáctico de la actividad económica antes que un análisis formal y abstracto de la misma. Es una cuestión metodológica importante que resaltar. Los aportes intelectuales de los pensadores chinos, griegos, árabe-islámicos y escolásticos se correspondían con la organización económica de la sociedad y los problemas del momento; su intención no era la construcción de grandes teorías o sistemas generales. Por tal razón, y dada la ausencia de un sistema de mercado, ubicaron a la autoridad como mecanismo central de asignación y luego se enfocaron en examinar cuestiones relativas a la justicia, la calidad de vida, la equidad y algunas otras más filosóficas. Después, con los mercantilistas, y el énfasis que dieron al comercio internacional para la consecución de riqueza y poder, fue desarrollándose la comprensión analítica de los efectos de la balanza comercial y la oferta monetaria, es decir una economía que incorporaba el sistema de mercado. Liberados ya de la presión feudal y eclesiástica, empezaron a ampliar la visión para entender a la economía como un sistema complejo con sus propias leyes e interrelaciones. Ha llegado a considerarse el mercantilismo como la época de origen de la economía científica; pues el análisis progresó de tal manera que, por vez primera, reconocieron la posibilidad de descubrir leyes económicas mediante métodos empleados en las ciencias físicas. Los fisiócratas, más tarde, continuaron apoyando la premisa de que la economía podía estudiarse formalmente, desarrollaron una nueva metodología abstracta que ponía de manifiesto la interdependencia entre sectores de la economía y desarrollaron además los primeros modelos económicos. Pero fue hasta Adam Smith y la consecuente época clásica, tan influida por los desarrollos científicos tempranos derivados de Newton, que la economía empezó a cobrar status de ciencia social.


Detenernos en este punto y revisar hacia atrás todos los avances, las propuestas, las rectificaciones, en fin, la historia que ha tenido que acaecer para llegar al lugar donde estamos, posiblemente nos incline a abrazar una noción como la que predicaron los agentes del industrialismo en la segunda ola toffleriana según la cual el progreso es un destino, “un subproducto de designios económicos privados”. Sin embargo, en nuestro afán de comprender el pasado y con ello el presente no es sensato pensar que hemos escalado hasta el cenit de la evolución económica. A día de hoy, lo corriente es que la economía sea vista como una ciencia positiva, porque ella misma se lo ha buscado, se ha tomado demasiado en serio la metodología formal y abstracta, casi sacrificando los análisis de carácter normativo por la virtud de un título científico. Así ha “funcionado” durante largo tiempo, pero ¿será necesario recuperar alguna de las actitudes éticas y morales de los primeros pensadores de la época preclásica? ¿Con qué criterio juzgamos épocas previas de la historia si los años más recientes nos han mostrado una tendencia tan marcada a la indiferencia frente a aspectos que conciernen a la sociedad misma y tras de ello, las asunciones que han gobernado parecen no funcionar como garantizaron? Con mi aún corta formación académica no podría arriesgarme a indicar hacia dónde debemos marchar pero es esperanzador ver que se extienden cada vez más apuestas a importantes cambios estructurales, y será un privilegio ser testigo e incluso más…

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